miércoles, 20 de mayo de 2009

La aventura de ser docente

Cuando inicie mi trabajo docente, el modelo de clases que tenía por objeto era lo más cercano a un copia de mis profesores universitarios, pero ahora era yo el que estaba frente al grupo y lo inicie con un empeño que no ha desmerecido con el paso del tiempo, pero que si ha cambiado en las estrategias, para adecuarse a las inquietudes y necesidades de los alumnos de la clase, mediante un proceso de ensayo y error, como señala el profesor José M. Esteve. Y es precisamente a través de este mejoramiento continuo, como he aprendido a mejorar mi práctica docente y a disfrutar cada día de esta labor. En ese sentido, ser docente implica despojarse de mascaradas y ropajes que nos presentan ante el grupo tal y cual somos, por que al principio podemos impresionar a nuestros alumnos, pero con el paso de las clases ellos se van dando cuenta de nuestras reales capacidades y si ellas no coinciden con sus expectativas, el papel que representamos se demerita; ser docente implica también que debe ser nuestro mejor papel, tanto en la intermediación para que los alumnos accedan al conocimiento como en las estrategias que aseguren una dirección y liderazgo que incorpore uno a uno de los estudiantes. Pero como señala Esteve, este ejercicio debe ser placentero, a efecto de que no nos sea aburrido y difícil de realizar todo los días.
Los problemas que presenta el trabajo docente que realizamos en la Educación Media Superior es similar al de la educación secundaria, pues la gran mayoría del personal no realizó cursos de educación normal y son egresados de instituciones de educación superior, aunque en nuestra comunidad, tienden a diferenciarse quizá porque muchos de estos docentes laboran también en la educación superior y consideran una escasa relación con la educación básica, en la que se coloca a la secundaria. No obstante que también los profesores universitarios comparten esta problemática, y que muchos sienten que se cocinan aparte, es en donde he encontrado mis mejores ejemplos de maestros de humanidad, tal vez por que a través de sus cátedras he comprendido muchos significados en que se describe el mundo, particularmente como los describe Paulo Freire, en lo referente al estudiar como un quehacer crítico, creador y recreador. Asociada a esta experiencia también tengo un referente sobre la forma como nos comunicamos en el grupo de la clase; unos de mis profesores comentaba que en su práctica docente era importante el dominio del auditorio, de ser el centro de atención en el ejercicio de comunicar para aprender, del dominio de todos los espacios de la clase en donde ocurra, en palabras de Santos Guerra, una simbiosis entre la teoría y la práctica.
Si bien es cierto que las limitaciones de recursos materiales institucionales restringe en cierta forma el uso de las tecnologías educativas, eso no debe ser en ningún momento motivo de insatisfacción, puesto que el trabajo intelectual del docente debe enfocarse a la comprensión más exacta del objeto de estudio y para ello no se requiere necesariamente un aula virtual. Mucho del trabajo que realizo en la asignatura de CTSyV implica en primer lugar, adaptarse al nivel de los alumnos, puesto que es su primer acercamiento al análisis crítico de la sociedad y la cultura, y en segundo lugar, a promover en ellos la capacidad de aventurarse en el análisis y comprensión de la gran cantidad de datos e información fragmentaria que nos rodea.
Aunque la función de la escuela depende en muchos casos del modelo educativo que promueva el Estado, ética e ideológicamente el docente debe promover una educación liberadora, porque esta educando para las próximas generaciones.

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